
El enfoque en energías renovables produjo cambios profundos alrededor del mundo. Desde entonces, todo ha sido transformado: la generación, almacenamiento y hasta la distribución de electricidad.
Actualmente, los parques solares y eólicos, así como los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (denominados BESS por sus siglas en inglés), dependen de la tecnología para ser eficientes.
Este proceso de digitalización es muy beneficioso para el control y gestión de los recursos, pero también presenta nuevos desafíos, siendo uno de éstos la ciberseguridad.
Actualmente, las plantas de energía renovable modernas pueden ser instalaciones aisladas o de autoconsumo.
Estas están conectadas a redes eléctricas inteligentes, plataformas de monitoreo remoto, sistemas SCADA y centros de control distribuidos. En el caso de los BESS, esta interconexión permite:
Sin embargo, cuanto más conectado está, más propenso puede estar el sistema a un ataque cibernético. Es por eso que la ciberseguridad ya no puede tratarse como algo secundario, sino como una parte central del diseño de las plantas renovables.
Los sistemas de almacenamiento en baterías presentan desafíos específicos para la ciberseguridad, ya que no solo gestionan energía, sino que interactúan constantemente con la red, los mercados eléctricos y otros activos críticos.
Algunos de los principales retos incluyen la alta dependencia de software para la gestión del estado de las baterías o la necesidad del acceso remoto para operación, mantenimiento y actualizaciones del sistema.
Estos factores hacen que un ataque cibernético no sólo pueda interrumpir el servicio, sino también afectar la seguridad operativa del sistema, provocar condiciones de funcionamiento no deseadas y aumentar el riesgo de daños físicos o fallos prematuros si los controles son manipulados.
Si bien conocer los desafíos de la ciberseguridad es importante, conocer cómo atacan es crucial. Estas son algunas de las formas en las que una planta puede estar comprometida:
El malware avanzado y persistente puede infiltrarse en sistemas industriales sin ser detectado durante largos períodos.
En plantas de energía renovable, este tipo de amenaza puede alterar datos operativos, modificar parámetros críticos o generar fallos intermitentes difíciles de diagnosticar.
En un BESS, un malware bien diseñado podría provocar muchos problemas, tales cómo pérdidas financieras, interrupciones operativas o incluso fallas catastróficas.
Muchos componentes de un sistema renovable, tanto físicos como digitales, provienen de terceros. Un ataque a la cadena de suministro puede introducir vulnerabilidades desde el origen, ya sea a través de firmware comprometido, librerías de software inseguras o dispositivos con configuraciones débiles.
Este tipo de amenaza es especialmente compleja porque no siempre se detecta durante la puesta en marcha del proyecto.
Errores de diseño, configuraciones incorrectas o falta de actualizaciones pueden dejar expuestos sistemas críticos. En plantas renovables, donde la disponibilidad es clave, postergar parches de seguridad por miedo a interrupciones puede aumentar el riesgo a largo plazo.
Las vulnerabilidades no solo afectan servidores centrales, sino también sensores, controladores y dispositivos de campo.
Las amenazas cibernéticas no se limitan a un problema técnico. Su impacto se extiende directamente a:
Un incidente de ciberseguridad puede generar paradas no planificadas, penalizaciones contractuales, pérdida de ingresos y daños reputacionales.
En mercados energéticos competitivos, estos factores pueden marcar una diferencia significativa en la rentabilidad del proyecto.
Para asegurar que los ataques de malware no tengan éxito, especialistas en ciberseguridad han diseñado diferentes estrategias::
Uno de los errores más comunes es tratar la ciberseguridad como una capa adicional al final del proyecto. En los sistemas BESS, la seguridad debe integrarse desde la etapa de diseño, considerando:
Diseñar con seguridad desde el inicio reduce costos futuros y evita soluciones improvisadas.
Una estrategia efectiva de ciberseguridad incluye la identificación y evaluación continua de riesgos. Esto implica analizar tanto amenazas técnicas como organizativas.
Diversificar una cadena de suministro también ayuda; ya que reduce la dependencia de tener un solo proveedor. Esto puede limitar el impacto de cualquier error o vulnerabilidad.
Existen marcos y normas internacionales que sirven como referencia para la ciberseguridad en sistemas energéticos, como IEC 62443 o ISO/IEC 27001.
Si bien cumplir con estos estándares no elimina todos los riesgos, sí establece una base sólida de buenas prácticas y facilita auditorías, certificaciones y procesos de mejora continua.
Las plataformas digitales modernas juegan un papel clave en la protección de activos renovables. Un sistema integrado permite:
La escalabilidad es fundamental, ya que los proyectos suelen crecer con el tiempo. Una plataforma bien diseñada puede adaptarse a nuevas plantas, más capacidad de almacenamiento o cambios regulatorios sin comprometer la seguridad
El costo de la ciberseguridad no es gratis. Este tiene un impacto dependiendo de la organización y las estrategias que se lleven a cabo, tales como:
La ciberseguridad influye directamente en cómo se opera una planta renovable. Procedimientos como el mantenimiento remoto, las actualizaciones de software o el acceso de terceros deben gestionarse de forma segura y controlada.
Esto requiere coordinación entre equipos técnicos, operadores y responsables de IT, evitando silos y mejorando la comunicación interna.
Las amenazas pueden provenir tanto de actores estatales como no estatales, con distintos niveles de sofisticación. Para mantener la continuidad operativa, los operadores pueden:
La preparación es clave para reducir el impacto de cualquier incidente.
A medida que las energías renovables y los sistemas BESS ganan protagonismo, la ciberseguridad deja de ser un aspecto técnico aislado y se convierte en un factor estratégico.
Un enfoque sólido de seguridad digital no solo protege la operación, sino que también:
De esta forma, se pueden prever situaciones que podrían resultar en un ataque cibernético.
La ciberseguridad en plantas de energía renovables es un desafío creciente en un contexto de alta digitalización. Si bien las tecnologías digitales aportan mejoras significativas en eficiencia, control y gestión de los activos, también amplían la superficie de exposición a riesgos que pueden afectar la operación, la seguridad y el valor económico de los proyectos si no se abordan de forma adecuada.
Comprender las amenazas, integrar la ciberseguridad desde las fases iniciales y aplicar buenas prácticas a lo largo del ciclo de vida del activo permite a los operadores tomar decisiones más informadas, reducir riesgos y fortalecer la resiliencia de sus sistemas energéticos.
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